Manuel Palacio Fajardo

Estatua de Manuel Palacio Fajardo, reproducida en Revista de la Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina, Vol. 66, No. 1-2, 2017

La independencia no fue una guerra; contuvo en su seno un inevitable enfrentamiento bélico, pero fue mucho más que eso: se trató de un proceso que impactó sobre toda la sociedad. A todos les tocó participar. Algunos con las armas, otros liderando, muchos como víctimas, y los que corrieron con más suerte sobrevivieron. La gallardía militar opacó a quienes entregaron sus vidas sin empuñar las armas, como aquellos que ofrecieron letras, pensamiento y diligencias. Entre los comprometidos con la independencia y la nación que no fueron a combate, se encuentra Manuel Palacio Fajardo, abogado, médico, escritor y hombre de ciencia.

Arquitectos de un país:

El presente artículo de investigación forma parte de un proyecto llamado Arquitectos de un país de Trama University en colaboración con historiadores y otros profesionales venezolanos relevantes quienes con la rugurosidad de su trabajo resaltan el objetivo principal de este proyecto:

Recuperar y difundir trayectorias, impactos y presencias de todos aquellos personajes de nuestra historia que, sin empuñar un arma y desde su condición de civiles y ciudadanos, han sido protagonistas en la creación de la vida republicana, en la formación de la nacionalidad, en la formulación y desarrollo de la modernización y en la construcción de la cultura y la institucionalidad democrática.

Nació en Mijagual, entonces Provincia de Barinas, en 1784. A los dieciocho años alcanzó el grado en filosofía en el Seminario San Buenaventura de Mérida. Prosiguió estudios en la Universidad de Santafé donde obtuvo tres doctorados, dos en derecho y uno en medicina. A su regreso en 1810, con veintiséis años, regentó una cátedra de medicina en Mérida y luego pasó a Barinas donde ejerció como médico. Fue Diputado por esa provincia y formó parte del Congreso Constituyente que el 5 de julio de 1811 declaró la independencia. Ese día, con ímpetu sobrado, expresó que “Todo cede al impulso de la libertad, y las fuerzas del hombre libre solo son comparables a su dignidad”. Su firma es una de las que suscribe el Acta de Independencia y también la Constitución Federal.

En el espíritu de Palacio Fajardo anidaba una vehemente convicción por la libertad. No obstante, su empeño le llevó por caminos políticos y no hacia la confrontación armada. Apenas caída la Primera República regresa a Mijagual y desde allí emprende su salida hacia la Nueva Granada, no solo para ponerse a buen resguardo una vez recuperada Barinas por los monárquicos, sino para fraguar un proyecto que permitiese volver a la senda republicana. Urdió un plan de trazado diplomático, según el cual debía acudir a Estados Unidos y a la Francia de Napoleón como aliados naturales de las independencias de Hispanoamérica.

Le planteó su idea a Antonio Nariño apenas llegó a Santafé, pero fue rechazado. Siguió a Cartagena, donde operaba entonces el gobierno revolucionario, y allí expuso su plan. Por fin fue apoyado y partió con una misión de envergadura: solicitar auxilio a Washington y llegar a Paris para acordar la intervención de Francia. En octubre de 1812 salió rumbo al norte, encomendado por Manuel Rodríguez Torices, presidente del gobierno cartagenero. Arribó a Baltimore el 5 de diciembre. Su entrevista con el presidente Madison y con el secretario James Monroe no tuvo ningún efecto. Estados Unidos se declaraba neutral ante los asuntos de España y decidió no intervenir, al menos frontalmente, en los procesos de independencias. Ya había fracasado una misión anterior a nombre de la Primera República; frescos estaban esos mismos argumentos en el gobierno norteamericano.

En Washington, sin embargo, no cesó en su objetivo. Acudió al embajador francés para proponer el mismo negocio y, a diferencia de Madison y Monroe, el representante de Napoleón no solo estuvo de acuerdo con la propuesta, sino que le alentó a ir hasta Paris a entrevistarse con el gobierno imperial. Llegó a Burdeos el 27 de febrero 1813 y en mayo ya caminaba por la capital francesa. Con la intención de captar la atención de Napoleón se juntó con otro enviado de Caracas, el francés Louis Delpeche, cercano a Miranda, quien había salido con una misión idéntica desde La Guaira. Alcanzaron a entrevistarse con el duque de Bassano, que extendió sus solicitudes hasta el alto mando. Para infortunio de los patriotas, Francia se hallaba en su campaña contra Alemania, y aunque se mostraron interesados, los avatares de la guerra desviaron las intenciones napoleónicas de colaborar con la independencia de Venezuela.

Permaneció en Paris hasta 1815. Entreverado con ciertos planes para liberar a América ideados por militares de poco prestigio, acabó encarcelado. Cuando Luis XVIII recuperó el trono, decretó su expulsión del reino francés. La medida, no obstante, no llegó a ejecutarse. Intercedieron por su dignidad nada menos que Humboldt, Bonpland, Dupont de Nemours y Chauveau-Lagarde, antiguo abogado de Miranda y María Antonieta ante la Revolución francesa. No era concebido como un revoltoso, sino como un diplomático ilustrado.

Se fue a Londres. Allí continuó sus esfuerzos por hallar apoyo para la causa patriota. En su estancia londinense, junto a sus empeños libertarios, desplegó otras actividades, esta vez propias de su formación universitaria. De estas actuaciones poco se comenta en las historias nacionales, quizás por no interesar aquellas tareas alejadas de los escenarios de combate y heroísmo.

Antes de abandonar Paris publicó una “Relation d’un lac de soude dans l’Amerique du Sud” (Annales de Chimie et de Physique, 1816), luego reeditado en inglés al año siguiente. Su trabajo tiene el mérito de ser el primero en identificar mineralógicamente al principal carbonato de la Laguna de Urao de Mérida. Había cargado con una muestra que entregó a Humboldt, con quien se había reunido junto a Delpeche, más allá de su misión política. La muestra que trasladó hasta Paris fue analizada por Gay-Lussac, el mismo de la ley que en física lleva su nombre.

Su interés por la ciencia, asimismo, le llevó a colectar una muestra de té andino, entonces llamado Té de Bogotá (Alsteina Teiformis), conocido en Europa solo por las descripciones de Mutis, el sabio neogranadino, pero no directamente. Llegado a Londres, Palacio puso la muestra en manos de Michael Faraday, el célebre científico británico estudioso del electromagnetismo y la electroquímica, quien analizó la yerba para el Laboratorio del Royal Institution. Faraday dedicó un artículo al respecto en donde cita al barinés, quien halló la planta en el camino que baja desde el páramo de Mucuchíes a Barinitas. Decía Palacio que en esa región se le llamaba Albricias, útil como bebida y medicina.

En The Quarterly Journal of Science (1817), Palacio publicó su “Description of the Vallies of Cucuta in South America”, comentando detalles de la región cucuteña, San Antonio y Ureña. Allí daba cuenta de la geografía del lugar, las costumbres, alimentación, y de los indígenas de la zona, desplegando su mirada científica y crítica sobre las realidades americanas.

En el mismo número del Journal of Sciences and the Arts (1817), donde Faraday comentaba sobre las Albricias del páramo, Palacio Fajardo publicó una “Description of the River Meta” a partir de la narración que le hiciese personalmente José Cortés de Madariaga, el conocido sacerdote chileno que apoyó la independencia y que en 1811 fue comisionado por los patriotas ante la Nueva Granada. Del recorrido de Madariaga por el Meta, Palacio recoge su descripción geográfica y la redacta en Londres en agosto de 1816. Esta no fue su única colaboración con aquella prestigiosa revista.

En 1817, en otro volumen del Journal, publicó “An Account of the Earthquake of Caracas”, su propia narración de los sismos del 26 de marzo de 1812. Se hallaba en Barinas al momento del temblor, y su descripción ha contribuido a comprender que aquella tarde no hubo un solo terremoto, sino al menos dos con una hora de diferencia entre cada uno. Por la hora que refiere cuando sintió el estremecimiento en Barinas, las 5 de la tarde, se ha podido estimar que ese temblor no fue el mismo que destruyó a Caracas, sino el que arruinó a Mérida.

Los terremotos de 1812 dieron la vuelta al mundo en el siglo XIX. Atrajeron a científicos y lectores especialmente en Europa, y contaron con la atención de Humboldt, quien les dedicó un capítulo en su Viaje a las regiones equinocciales. El sabio alemán se apoyó en dos aportes de excepción: los testimonios de Palacio y Delpeche, coincidentes en Paris en sus misiones políticas cuando se reunieron con Humboldt. Palacio incluyó la descripción de los sismos en su libro Outline of the Revolution in Spansih America, original de 1817, y además la publicó como artículos independientes en varias ocasiones. Años después, esa misma narración sería republicada en Londres (Leigh Hunt’s London Journal, 1834), sin darle el menor crédito.

Su Outline fue también editado en New York en el propio 1817; traducido al francés y publicado ese mismo año como Esquisse de la Révolution de L’Amérique Espagnole. En 1819 ya tiene una segunda edición y la tercera es de 1824. Hay edición alemana en Hamburgo en 1818. La traductora al inglés del original de Humboldt, Voyage aux régions équinoxiales du Nouveau Continent, editado en Paris entre 1814 y 1825, había sido la novelista y poetiza liberal británica Helen Maria Williams, especialista en traducciones. Es muy probable que ella haya colaborado en las dos versiones del libro de Palacio Fajardo, francesa e inglesa, evidenciando las redes intelectuales europeas con las que se contactó el ilustrado barinés.

A pesar de la temprana importancia de aquella obra de Palacio Fajardo, su primera edición en castellano recién verá la luz en 1953: Bosquejo de la Revolución en la América Española, publicado en Caracas por la Décima Conferencia Interamericana. Como suele suceder con los hombres de letras, cedió su relevancia histórica en beneficio de los hombres de armas.

En la redacción de su libro seguramente ayudó Andrés Bello, con quien entabló una importante amistad en sus años de Londres. Buena parte de las opiniones políticas allí expuestas deben ser el resultado de reflexiones compartidas. Su estancia en Europa, los fracasos de sus misiones, la prisión en Paris, y el contacto con científicos y pensadores de primer nivel debieron influir en sus ánimos impulsivos de los inicios revolucionarios. El Outline es un texto mesurado, seguramente resultado de esas experiencias que contribuyeron a madurar sus convicciones. Quizás también impactó en su ánimo el hecho de que, mientras escribía su libro en 1816, Morillo fusilaba en Tunja a su hermano Antonio, y en Santafé a Rodríguez Torices.

Con todo, su mayor misión, la independencia, nunca aminoró. En tanto publicaba sus trabajos científicos, procuró ayuda para la causa republicana. En 1818 consiguió apoyo para una expedición y se embarca en un bergantín inglés con fusiles, pólvora y piedras de chispa valorados en 34.000 libras esterlinas. Desembarca en Margarita el 4 de noviembre de ese año. De allí pasa a Trinidad, donde conoce a Guillermo Blanco White en quien deja una extraordinaria impresión, compartida por Bolívar. Pronto se traslada a Angostura. Fue miembro del Congreso de Angostura, diputado una vez más por Barinas, y a partir de febrero de 1819 Ministro de Hacienda y Secretario de Estado, designado por el Libertador. El 8 de mayo de ese año fallece luego de tres días de calenturas. Se lo llevaron las fiebres endémicas de Guayana, como pasó con tantas vidas antes, entonces y todavía hoy. Tenía treinta y cinco años.

Bibliografía mínima

Directa

Palacio Fajardo, Manuel, “Relation d’un lac de soude dans l’Amerique du Sud”, Annales de Chimie et de Physique, Nº 2, 1816, pp. 432-435.

Palacio Fajardo, Manuel, “Description of the River Meta”, Journal of Sciences and the Arts, Nº 1, 1817, pp. 139-143.

Palacio Fajardo, Manuel, “Description of the Vallies of Cucuta in South America”, The Quarterly Journal of Science, Nº 3, 1817, pp. 337-348.

Palacio Fajardo, Manuel, “An account of the earthquake of Caracas”, Journal of Science and the Arts, Nº 2, 1817, pp. 400-402.

Palacio Fajardo, Manuel, Outline of the Revolution in Spanish America, Nueva York, James Eastburn & Co., Clayton & Kingsland Printers, 1817.

Palacio Fajardo, Manuel, Esquisse de la Révolution de L’Amérique Espagnole, Paris, P. Mongie L’Ainé, Libraire, Boulevart Poissonnière, Nº18, 1817.

Palacio Fajardo, Manuel, Bosquejo de la Revolución en la América Española, Caracas, Publicaciones de la Secretaría General de la Décima Conferencia Interamericana, 1953.

Indirecta

Altez, Rogelio; Urbani, Franco; Noria, Andrea; y Schmitz, Michael: El ‘efecto 1812’ en la prensa y la ciencia del siglo XIX, Caracas, Academia Nacional de la Historia, 2016.

Altez, Rogelio: “Lo que el terremoto se llevó; los razonamientos de Humboldt sobre los terremotos de 1812 en Venezuela”, en: José Ángel Rodríguez, compilador, Alemanes en las regiones equinocciales, Caracas, Alfadil Ediciones-Comisión de Estudios de Postgrado, Facultad de Humanidades y Educación, U.C.V.-AvH-Stiftung, 1999, pp. 111-127.

Urbani, Franco: “Manuel Palacio Fajardo (1784-1819) y su contribución a las ciencias naturales”, Boletín de Historia de las Geociencias, Nº 40, 1990, pp. 24-36.

Sobre el autor:

Rogelio Altez.  Antropólogo e Historiador. Magister en Historia de América por la Universidad Católica Andrés Bello (2005), Doctor en Historia por la Universidad de Sevilla (2014), Profesor Titular de la Escuela de Antropología Universidad Central de Venezuela (1998-2020). Actualmente es Investigador en el Departamento de Historia de América, Universidad de Sevilla.