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Fernando de Peñalver

Retrato: Fernando Peñalver, Litografía de Thierry frères, en Rafael María Baralt y Ramón Díaz, Resumen de la Historia de Venezuela, Paris, 1841.

Por Carol Leal Curiel.

La guerra de independencia se vivió desde distintos ángulos: algunos lo hicieron con las armas; otros con la pluma y desde la reflexión. Fernando de Peñalver lo hizo con su pluma y con su cabeza.

Hacendado y comerciante, nacido en 1765 en Píritu, pueblo perteneciente en aquel entonces a la antigua provincia de Nueva Andalucía (hoy actual estado Anzoátegui), Peñalver padeció los sinsabores de la guerra de independencia, pero no lo hizo a espaldas de ella; por el contrario, sin rehuir las responsabilidades que le tocó asumir, tampoco las eludió en defensa de sus convicciones sobre los principios republicanos, durante su muy activa participación en todos los Congresos habidos entre 1811 y 1821. 

Arquitectos de un país:

El presente artículo de investigación forma parte de un proyecto llamado Arquitectos de un país de Trama University en colaboración con historiadores y otros profesionales venezolanos relevantes quienes con la rugurosidad de su trabajo resaltan el objetivo principal de este proyecto:

Recuperar y difundir trayectorias, impactos y presencias de todos aquellos personajes de nuestra historia que, sin empuñar un arma y desde su condición de civiles y ciudadanos, han sido protagonistas en la creación de la vida republicana, en la formación de la nacionalidad, en la formulación y desarrollo de la modernización y en la construcción de la cultura y la institucionalidad democrática.

Nacido en la segunda mitad del siglo XVIII, a finales de esa centuria se había trasladado hacia la región de Valencia donde, junto con uno de sus hermanos, Pedro de Peñalver, compró la hacienda “Los Aguacates”, un solar en Puerto Cabello y una casa en la ciudad Valencia. Se involucra activamente en la vida política a partir de 1810 con ocasión de los sucesos del 19 de abril en Caracas; desde Valencia intervino para lograr que esa ciudad se sumara y reconociera la Junta Suprema Conservadora de los Derechos de Fernando VII que se había instalado en Caracas. En ese mismo año, es designado elector por el tenientazgo del pueblo de Los Guayos, jurisdicción del Ayuntamiento de Valencia, para la congregación electoral que designaría a los diputados que representarían a Valencia en el Congreso Constituyente de 1811, congregación que lo eligió como uno de los tres diputados representantes de esa jurisdicción; un oficio que ejerció entre 1811-1812 con destacada y muy activa participación en algunos debates cruciales, entre ellos, el que él mismo iniciara sobre la división de la provincia de Caracas, quizá una de las más encendidas controversias que hubo durante la primera revolución de Venezuela (1811-1812), en la cual salió a flote el problema teórico de la forma de gobierno que se aspiraba crear. Una polémica que no dejará de estar presente en los congresos de 1811, 1819 y 1821, así como en la insurrección caraqueña contra Bogotá de 1826, durante el movimiento conocido bajo el nombre de “La Cosiata”.

Poco es lo que se conoce sobre su eventual formación intelectual. Se ha señalado que quizá realizó estudios en Santo Domingo y Trinidad y, por las misiones que aceptó, todo parece indicar que tenía dominio del inglés. Sin embargo, siendo diputado del primer constituyente, más allá de las comisiones que le fueron asignadas – entre ellas, el plan de reforma sobre la administración de justicia en las ciudades y pueblos de las provincias que se hubiesen sumado a la causa de Caracas, la de examinar lo sucedido en la insurrección de Valencia en 1811, el encargo del proyecto sobre el modo de premiar a los ciudadanos en un gobierno republicano, la presidencia del Congreso en febrero de 1812, y las presidencia y vicepresidencia de la sección legislativa de Caracas en junio y octubre de 1811, también le fue encargado la negociación y traslado de la imprenta a la ciudad federal de Valencia en 1812–,  sus intervenciones durante los Congresos de 1811, 1819 y 1821, junto a sus contados escritos de esos años dan cuenta de un letrado conocedor de autores y de experiencias políticas, antiguas y modernas, a las que recurre para fundamentar sus opiniones con respecto a lo que para él pasó a ser lo fundamental: los principios que han de sustentar el gobierno republicano.

Fracasadas la primera y segunda revolución de Venezuela, emigra en 1814, cuando ya había entablado cercana amistad con Simón Bolívar, y se exilia en Saint Thomas y en Trinidad. Regresa a la vida pública a partir de 1817, cuando logra negociar la compra de una imprenta para llevarla a Angostura, ciudad donde se instala y donde se desempeñaría como Intendente de Guerra, miembro del Consejo de Estado y del Consejo de Gobierno, colaborador del Correo del Orinoco, participando, además, en la comisión encargada de redactar el reglamento de elecciones para el Congreso de Angostura (1819-1820), fue diputado electo por la provincia de Guayana, Vicepresidente y Presidente de dicho Congreso (1º de junio-6 de julio de 1819 y 22 de enero-19 de julio de 1820),  y miembro de la comisión enviada a Inglaterra en búsqueda de préstamos para la compra de armamentos. Una comisión que le tomó 8 meses de residencia en Londres.

Peñalver,  un republicano cívico por convicción de lo cual dio pruebas desde 1810. Con larga vida para la época que le tocó vivir – murió a los 72 años y no precisamente en los campos de batalla –  tuvo la oportunidad de ver, pensar y, sobre todo, de repensar y reflexionar sobre los diferentes proyectos de repúblicas que se aspiraron a construir en su tiempo, de los cuales él fue uno de los principales impulsores, también de sus respectivos fracasos. Tuvo, igualmente, la oportunidad, única, de vivir la cotidianidad de la contienda independentista cuyo testimonio, reflejado en las numerosas cartas que escribió a Simón Bolívar – su “apasionado amigo” a quien “amaba de corazón” –, revelan detalles sobre el funcionamiento de los congresos de Angostura y Cúcuta, sobre la naturaleza y carácter de algunos de los personajes políticos y militares más destacados de ese tiempo, sobre la soberbia, fatuidad o falta de probidad de muchos de ellos, sobre las decisiones erróneas tomadas por algunos militares que pusieron en riesgo el triunfo de las armas republicanas, pero sobre todo, sus cartas revelan el ojo acucioso de una persona que la experiencia le ha hecho madurar y moderar sus pasiones iniciales. 

Si algo caracteriza a este repúblico son sus apasionados alegatos a favor de los principios republicanos, a quien se le ha exaltado más por su amistad con el Libertador  –que, sin duda, fue cierta, estrecha y muy cercana, y de haber sido de los pocos hombres que lo tuteaba–,  pero menos por la evolución que se produjo en él sobre la manera de concebir las formas de gobierno en una República. El diputado Peñalver de 1811 poco tiene que ver con el diputado de Angostura de 1819 o con el de Cúcuta de 1821. El Peñalver de 1811 es un radical antimonárquico, un entusiasta defensor, inspirado en Montesquieu, del establecimiento de una república federal democrática, emanada del consentimiento popular de los ciudadanos “con derecho a sufragio”, conformada por Estados soberanos del mismo tamaño que han de formar la “Soberanía federal”, única garantía para evitar la eventual usurpación de los Estados más grandes sobre los más pequeños. La reflexión de Peñalver en este período ha de situarse en el contexto de la amenaza que representaba el tamaño de la provincia de Caracas –la más extensa y con el mayor número de diputados– para la construcción del nuevo pacto confederal.

El diputado Peñalver de Angostura o de Cúcuta, cuya reflexión sobre los principios para organizar la República han sido temperados por la experiencia de la guerra y, sobre todo, por el fracaso de las dos primeras revoluciones de Venezuela (1811-1812 y 1813-1814), como lo manifiesta al repasar la historia reciente de lo vivido en Venezuela. El Peñalver de 1819 y el de 1821 aboga,  en un abierto rechazo a la posibilidad de construir un gobierno federal que con tanto furor había defendido en 1811, a favor de un “un gobierno de tal manera proporcionado a la naturaleza de las circunstancias particulares al país, que lo salve de nuevos desastres y de una nueva esclavitud”, sustentado no en las “teorías abstractas” de los filósofos sino en las lecciones prácticas que ofrece la historia de los tiempos remotos, de los tiempos recientes y de las revoluciones modernas.  Porque si algo enseña la historia es lo difícil que es para un pueblo “conservar su libertad, cuando las nuevas instituciones que adoptan los Legisladores, se apartan demasiado de sus preocupaciones, costumbres y carácter”. Es el aprendizaje sobre el fracaso de la primera revolución y la brutal experiencia de la guerra que lo lleva  a proponer, con similar pasión a la de su diputación de 1811, un gobierno fuerte sustentado en un “Poder Ejecutivo vitalicio, Senado vitalicio y una Cámara de Representantes elegida por siete años” como las instituciones que se sí ajustan “al estado de la civilización y de las costumbres de los Venezolanos porque son las que más se acercan al Gobierno Monárquico, a que estaban acostumbrados, sin separarse del Republicano que quieren adoptar”; unas institución que tendrían un carácter temporal “mientras se consolide la República” y se erradique la superstición, la ignorancia, los vicios heredados de la monarquía española y se enseñe a los ciudadanos a ser libres. Para el Peñalver de 1819 y de 1821 esa es la verdadera garantía capaz de preservar la verdadera Libertad.

En 1821 es electo diputado por Cumaná para el Congreso de Cúcuta, en el cual ejerció las vicepresidencia (del 6 al 22 de mayo, 1821) y presidencia (5 al 19 de junio), diputación desde  la cual contribuyó en la redacción de la Constitución de la República de Colombia. En ese mismo año 21 está de regreso en Caracas para ejercer la Dirección de Rentas del Departamento de Venezuela, nombramiento hecho por el Libertador en mayo de 1821: “sin rentas no puede existir ningún Estado” escribiría Peñalver a Bolívar en 1823. Nuevamente electo diputado por el Departamento del Orinoco para el Congreso de Colombia de 1823, no pudo asistir a sus sesiones; en 1825 es designado Gobernador de la nueva provincia de Carabobo y en 1828 fue electo diputado para la Convención de Ocaña a la que una vez llegado a Mompox encontró disuelta. En 1831 se retira de la vida pública después de haber sido designado Consejero de Estado y electo Senador por Carabobo.

El 5 de mayo de 1837 moría en Valencia a los 72 años de edad. Había presenciado la disolución de la República de Colombia que contribuyó a crear.

Bibliografía mínima

Directa

Actas del Cabildo de Valencia en Archivo del Ayuntamiento de Valencia (AAV): www.bolivarium.usb.ve

Daniel F. O’Leary: Memorias del general O’Leary, Caracas, Ministerio de la Defensa, Caracas, 1981, tomo VIII (cartas de Fernando de Peñalver a Simón Bolívar).

Fernando de Peñalver: Memoria presentada al Supremo Congreso de Venezuela en que manifiesta sus opiniones  sobre la necesidad de dividir la Provincia de Caracas para hacer la Constitución federal permanente; y los Artículos con que cree que deben ligarse las Provincias a formar un solo Estado y Soberanía, Caracas, 1811, Imprenta de Juan Baillío y Compañía. Reproducido en Testimonios de la época de la emancipación, Caracas, Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia, Sesquicentenario de la Independencia, 1961, pp. 11-28.

Fernando de Peñalver: “Discurso del Señor Peñalver en la discusión del Congreso sobre la naturaleza del Senado Constitucional”, en Correo del Orinoco, Angostura: Sábado 24 de julio de 1819-9º, nº 34, tomo II.Fernando de Peñalver: “Manifiesto a los Pueblos de Colombia firmado de orden del Soberano Congreso por su Presidente el Honorable Señor Fernando de Peñalver” en Correo del Orinoco, Angostura: Sábado 26 de agosto de 1820-10º, nº 77, tomo III.

Indirecta

Almarza Villalobos, Ángel, Por un gobierno representativo. Génesis de la República de Colombia 1809-1821, Caracas, Academia Nacional de la Historia-Fundación Bancaribe para la Ciencia y la Cultura/Premio Rafael María Baralt, 2011.

Azpurúa, Ramón, Biografía de hombres notables, Caracas: Edición facsimilar completa de los cuatro volúmenes editados en 1877, Ediciones Mario González, 1982, tomo I, pp. 316-318.

Fundación Polar, “Peñalver, Fernando” en Diccionario de Historia de Venezuela, Caracas, Fundación Empresas Polar, 1987.

Leal Curiel Carole, Libro de Actas del Supremo Congreso de Venezuela 1811-1812, Caracas, Colección Bicentenario de la Independencia-Asociación Académica para la conmemoración del Bicentenario de la Independencia, 2011, 2 tomos.

Leal Curiel, Carole, La Primera Revolución de Caracas, 1808-1812: Del juntismo a la Independencia absoluta, Caracas, abediciones/colección Letraviva-UCAB-Konrad Adenauer Stiftung, 2019.

Congreso de Cúcuta 1821, Caracas, Ediciones Conmemorativas del Bicentenario del Natalicio del Libertador Simón Bolívar, 1983, Tomos I y II.

Tres próceres de la Independencia: General Mariano Montilla,Pbro. José Félix Blanco, Dr. Fernando de Peñalver, Publicación hecha por la Junta Directiva de la Apoteosis de Miranda, Caracas, Tipografía “El Cojo”, 1896.

Ricardo Zuluaga Gil: Villa del Rosario de Cúcuta 1821: Antecedentes, desarrollo y consecuencias de un Congreso fundacional, Bogotá: Academia Colombiana de Historia, 2021.

Sobre el autor:

Carol Leal Curiel.  Antropólogo (UCV), Magister en Ciencias Políticas (USB), DEA (en Historia (París 1) y Doctora en Ciencias Políticas (UCV). Profesora Titular (jubilada) de la Universidad Simón Bolívar-Instituto de Investigaciones Históricas-Bolivarium, Individuo de Número de la Academia Nacional de la Historia.