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La conquista tricolor de Antonio Drija en el Cirque du Soleil

Antonio Drija. Primer venezolano en unirse al circo más importante del mundo, Cirque du Soleil, como también el artista que ha permanecido por más tiempo en la misma empresa: 13 años.

No creas a los que te digan que no. Escúchalos, haz un análisis (…) Luego date la vuelta y haz lo que te da la gana

– Antonio Drija

¿Quién es Antonio Drija?

Antonio Drija, un niño que por dificultades económicas se convierte en un adolescente vendedor ambulante, en un ambiente hostil, con pocas estimulaciones cercanas para soñar. Una familia que pasó por la inmigración, por empezar de cero en un país extraño, por las rudezas del racismo y la xenofobia, y por buscar sacar más de menos. En ese tipo de familias se crió Antonio Drija, que además convivía con un padre mucho más estricto y desconfiado de lo que él hubiese deseado.

Si avanzamos rápidamente unos años en una máquina del tiempo imaginaria, encontraríamos que un padre de raíces, cultura y sangre árabes llora de la emoción al ver que a su hijo lo enfocan las cámaras, en un escenario, bailando y cautivando con su carisma. Un padre que grita de alegría y de orgullo entre el público, pero que meses antes gritaba con ira, posiblemente decepción y miedo mientras reprime los sueños de su hijo, propinándole algunas palizas también.

El hijo rebelde, travieso, atrevido, terco e irreverente escogió ya su sueño, y se metió entre ceja y ceja la meta. O como él lo llama hoy: obsesión. Antonio pudo hacer las paces consigo mismo, con su sueño y con su padre, quien muriera poco después de llorar con tanto orgullo, gritando su nombre, entre las decenas de personas en el público del plató.

Si avanzamos rápido un poco más encontraremos a Antonio pensando en su padre y en su miedo. Ver a su alrededor y notar (por décima vez en el día) que está completamente solo en otro país, sin planes certeros y solo con una fuerte pasión por cumplir sus sueños. Alzar sus brazos como una T y notar que toca las paredes, ver una rata pasar, o no tener dónde ducharse. No estar en casa, extrañar la sensación ‘hogar’ y solo escuchar que tu voz te acompaña en las noches, junto con algunas lágrimas antes de dormir.

Como él cree en sí mismo, y en lo que hace, no duda que aún en esas condiciones podrá encontrar su camino. Y así fue. No por esperado menos sorprendente, a Antonio le llega su oportunidad. O como él mismo comenta: “la suerte es estar preparado para la oportunidad”. No hay nada fortuito en su éxito, y solo se explica con perseverancia, resistencia y pasión.

El número 367 que cuelgan en su cuello se convierte en 13 años protagonizando Zumanity en el Cirque du Soleil. Su padre estaría orgulloso de él, probablemente en el público gritando el nombre de su hijo en cada función del show.

Romper paradigmas parece un deporte para él, pero es porque las emociones que traen consigo los retos son parte de ese momentito que Antonio llama vida, y que sigue disfrutando incluso ahora, mientras sigue en la continua búsqueda de su propósito.

Sobre el invitado

Lo que a solo 5 minutos se nota de Antonio es la paz que irradia con cada palabra. Cada palabra escuchada es como estar en una sesión de meditación: pausado, controlado y reflexivo. Con Antonio te puedes llevar muchas tablas en la cabeza en cuánto a estereotipos y paradigmas. A primera vista corresponde a alguien muy atractivo (o así lo exclamó Gema González al ver su fotografía), con una mirada magnética y una agilidad física inesperada, y mucho más escuchando una voz que se siente como un bálsamo sobre los oídos (aún con esa gravedad). Pero la real sorpresa es la unión de esas cosas con lo que se podría considerar una vida entera en un circo, pero comenzada a partir de los 39 años de edad.

Como él mismo lo afirma, Antonio es indefinible. Diremos también que es inesperado e impredecible. Un artista que no solo se enorgullece por ser sensible y vulnerable, además de creerlo estrictamente necesario, sino también por ser frío y obsesivo con la planificación de sus metas a detalle (siendo un pez en el agua improvisando). El Circo del Sol lo meneó en sus entrañas y le permitió conocer los más oscuros rincones de él mismo. Años antes era vendedor ambulante en la ciudad de Caracas y un bailarín con mucha personalidad en RCTV, en Venezuela. Antonio subió por las escaleras de su propio carisma, y al final terminó creando coreografías para Ricky Martín y Emilio Estefan, nada más y nada menos. Y si se necesitara más para ver su grandeza, también fue invitado a realizar un espectáculo para el Príncipe Alberto II de Mónaco.

Lo más resaltante de él, además de su imperante terquedad, son los 13 años que dedicó en vida y en alma al circo más famoso e impresionante del mundo, y al que ha ocupado gran parte en su libro. El Circo del Sol no era su propósito de vida, como él mismo lo afirma, y capaz con ello se puede notar el nivel de ambición y de inconformidad con la que convive, pero sobre todo es porque confía en su capacidad de hacer más. El hispanohablante (que habla también 4 idiomas más) es un ejemplo de mejora continua, buscando sin cesar cómo hacer un mejor aporte desde su área, desde su rincón, a su entorno, a sus alumnos, a sus hijos, a su nieto y a su propia vida.

Hoy se quiere reconectar con su tierra. En la que se enamoró profundamente de la madre de sus hijos, y también de su pasión, del vehículo en el que ha transitado la vida y en dónde ha podido tener la oportunidad de conocerse. Se refiere al proyecto en el que está trabajando como su “misión” de vida y que permitirá devolver algún granito que Venezuela le dió. Quiere volver a Trama University a hablar de él, y nosotros queremos no solo conocer ContraHistoria (el nombre de su proyecto) pero también hablar de su siguiente misión, que seguramente tendrá.

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