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Andrés Bello

Retrato: Andrés Bello. Óleo sobre tela, por Raymond Quinsac Monvoisin, Santiago de Chile, 1844.

Por Inés Quintero.

Andrés Bello es una de las figuras de mayor prestigio y valía intelectual en la historia cultural de América Latina. Pedro Grases, acucioso investigador de su obra, lo llamó el “Primer humanista de América” y no le faltó razón: su densa y muy completa producción en los más diversos campos del saber humanístico, sigue siendo objeto de estudio y reflexión en el mundo académico contemporáneo. 

Arquitectos de un país:

El presente artículo de investigación forma parte de un proyecto llamado Arquitectos de un país de Trama University en colaboración con historiadores y otros profesionales venezolanos relevantes quienes con la rugurosidad de su trabajo resaltan el objetivo principal de este proyecto:

Recuperar y difundir trayectorias, impactos y presencias de todos aquellos personajes de nuestra historia que, sin empuñar un arma y desde su condición de civiles y ciudadanos, han sido protagonistas en la creación de la vida republicana, en la formación de la nacionalidad, en la formulación y desarrollo de la modernización y en la construcción de la cultura y la institucionalidad democrática.

La incorporación de Andrés Bello al relato historiográfico venezolano fue lenta y accidentada, fundamentalmente como consecuencia de la orientación que privó en las primeras versiones de la Historia Patria, más interesada en destacar las acciones de los hombres de armas que la actuación de los hombres de pensamiento, como Andrés Bello y mucho otros. Todavía en los manuales escolares se destaca primero su condición de maestro de Simón Bolívar y se deja en segundo plano su obra intelectual. 

Bello nació en Caracas, el 29 de noviembre de 1781. La primera etapa de su vida transcurrió en su ciudad natal; tempranamente se interesó en los clásicos y en el aprendizaje del latín, hizo su primera traducción del Libro V de la Eneida y también de una obra menor de Voltaire; además aprendió inglés y francés, por sus propios medios. Se graduó de bachiller en Artes en 1800 en la Universidad de Caracas, pero no concluyó sus estudios, su padre falleció en 1804 y su madre se vio en la necesidad de solicitar una pensión a la Corona. Dictaba clases particulares, componía odas y sonetos, hacía traducciones y, en 1800, acompañó a Alejandro Humboldt en su ascenso a la Silla de Caracas. 

En 1802 ingresó como Oficial Segundo de la Capitanía General de Venezuela, posteriormente, en 1808, fue secretario de la Junta de Vacuna. Ese año tuvo a su cargo la edición de la Gaceta de Caracas, primer periódico impreso en Venezuela y le correspondió traducir los oficios llegados de Francia e Inglaterra sobre la invasión de Napoleón y la abdicación de los reyes en Bayona; también se le encomendó la redacción del Calendario manual y guía universal de forasteros en Venezuela para el año de 1810. Al instalarse la Junta Suprema de Caracas, el 19 de abril de 1810, se incorporó al nuevo gobierno como Oficial de la Secretaría de Relaciones Exteriores y fue designado secretario de la misión diplomática a Inglaterra, cuyos miembros eran Simón Bolívar y Luis López Méndez. El 10 de junio, cuando se embarca en dirección a Londres, sale de imprenta el Calendario manual y guía universal de forasteros, el cual incluye un “Resumen de la Historia de Venezuela”. Es su primer ensayo histórico y también el primer libro impreso en Venezuela.

Comienza entonces una nueva etapa en la vida de Bello, su experiencia en Londres, ciudad donde permaneció hasta 1829. No fueron fáciles los años londinenses de Bello, pero sí altamente provechosos en la profundización de sus lecturas y reflexiones humanísticas. Estuvo hospedado temporalmente en la casa de Francisco de Miranda; allí tuvo acceso a su biblioteca, lo cual le permitió aprender griego y satisfacer sus variados intereses. Muy pronto comenzaron las penalidades: el estallido de la guerra y el fin de la Primera República en 1812, lo colocaron en una situación de enorme precariedad económica. Contrajo matrimonio con Mary Ann Boyland en 1814, de la unión nacieron tres hijos; transcurridos siete años, su esposa falleció, también murió su tercer hijo. 

Para sostenerse él y su familia se vio en la necesidad de realizar los más diversos trabajos: hacía traducciones por encargo, daba clases de idiomas, fue preceptor de los hijos del subsecretario de Estado de Gran Bretaña e hizo las más diversas gestiones para conseguir alguna ocupación estable que le permitiese atender sus necesidades. En 1815, fue nombrado Secretario de la Legación de Chile en Inglaterra y, en 1826, ocupó la Secretaría de la Legación de la República de Colombia en Londres.  Dos años antes, contrajo matrimonio con Isabel Dunn. Muy pronto nacieron dos nuevos hijos y, al instalarse en Chile, a partir de 1830, ocho nuevas criaturas completaron el núcleo familiar.

En medio de las dificultades económicas y de la incertidumbre respecto a su futuro, Bello asistía regularmente a la Biblioteca Británica, dedicado a ampliar sus conocimientos en filología, historia, literatura, derecho internacional, versificación latina; estudia el poema del Mio Cid, escribe ensayos literarios y publica dos de sus más importantes obras poéticas: Alocución a la poesía (1822) y Silva a la agricultura de la zona tórrida (1826). Sus anotaciones manuscritas recogidas minuciosamente en varios cuadernos, fueron transcritas y publicadas en Chile por el historiador Iván Jaksic con un completo estudio introductorio y numerosas notas explicativas con el título Cuadernos de Londres (2017).

Mientras se encuentra en Londres, no es indiferente a la situación americana. Junto con el cartagenero Juan García del Río publica Biblioteca Americana (1823), poco tiempo después lleva adelante la edición de la revista Repertorio Americano (1826-1827). Allí publica reseñas de libros, documentos, artículos sobre temas diversos que recogen su parecer y preocupación sobre la realidad y el futuro de Hispanoamérica.  

Su mayor ansiedad es conseguir un destino acorde a sus conocimientos y experiencia. Ante la ausencia de repuestas firmes por parte del gobierno de Colombia, por mediación de Manuel Egaña, ministro del gobierno de Chile, recibe una propuesta para ocupar el cargo de Oficial Mayor Auxiliar del Ministerio de Hacienda y hacia allá dirige sus pasos. Sale de Inglaterra en dirección a Chile en  febrero de 1829.

En este país, además de sus actividades como educador y de su presencia en la vida política nacional, tendrá oportunidad de desarrollar su más sólida y reconocida producción intelectual. Tres años después de establecerse en Santiago, el Congreso le otorga la ciudadanía chilena. 

Desde 1830 colabora en el periódico El Araucano. Fue director y docente del Colegio de Santiago, además dictaba clases particulares de derecho, legislación, gramática, literatura y filosofía. Su interés y propuestas sobre educación las plantea en las comisiones y juntas en las cuales participa. En 1836, la Universidad le otorgó el grado de bachiller en derecho civil y canónico.

Del ministerio de Hacienda pasó al de Relaciones Exteriores, donde se mantuvo hasta su jubilación en 1852. Allí fue factor clave en la orientación y dirección jurídica de las relaciones diplomáticas, y en el proceso de reconocimiento de Chile por España que concluye en 1844.  Fue senador del congreso por dos períodos de nueve años; participando activamente en la redacción de leyes y en la elaboración del Código Civil de Chile (1855) una de sus obras más relevantes. Estaba convencido y así lo plasma en su libro que la legislación constituía un factor fundamental en la formación ciudadana, en la consecución de la paz y en la conservación del orden.

Su participación fue decisiva en la creación y organización de la Universidad de Chile en 1842 de la cual fue fundador y rector, responsabilidad que ocupó hasta su fallecimiento. Su discurso inaugural, así como su presencia al frente de la universidad, dejaron por sentado su concepción acerca del lugar que le correspondía ocupar a la universidad en el proceso de transformación de la sociedad chilena. 

En 1932 publicó su obra Derecho de Gentes, corregida y ampliada por él posteriormente con el título Tratado de Derecho Internacional (1844). Su propósito fue difundir los principios básicos del derecho internacional para de esa manera contribuir al proceso de construcción y consolidación de la nación chilena y de las nuevos Estados de la América hispana. El impacto de esta obra se dejó sentir en Venezuela, Colombia, Bolivia Perú y en Madrid.

Su obra cumbre en el campo del idioma fue, sin duda, la Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos (1847). De acuerdo a los señalado por el historiador Iván Jaksic, para Bello el idioma ocupaba un lugar fundamental en la consolidación del orden nacional y en la unidad continental de Hispanoamérica; la Gramática constituía un instrumento de unidad para las naciones hispanoamericanas que podría contribuir a saldar las diferencias surgidas del proceso de independencia.

Su amplísima obra intelectual abarcó las más diversas áreas: la filosofía, la poesía, la historia de la literatura, la filosofía de la historia, la divulgación científica, la crítica literaria y teatral, así como importantes traducciones del derecho romano, de los clásicos y de distintos autores en el campo de la filosofía y de la literatura universal.

Falleció en su casa de habitación, el 15 de octubre de 1865, fue acompañado por una multitud hasta la Catedral donde se realizaron las honras fúnebres y de allí al cementerio, donde reposan sus restos. 

Su obra y pensamiento son expresión del cambiante tiempo que le correspondió vivir: Bello se formó y se inició en la vida pública en Caracas, en las últimas décadas de la colonia; experimentó el conflicto y las tensiones que suscitaron la guerra de independencia y el desmembramiento del imperio español en sus años londinenses, y  participó activamente en el complejo esfuerzo de construir las nuevas naciones desde la primera línea de los acontecimientos durante su vida en Chile

El aporte fundamental de Bello a la historia hispanoamericana del siglo XIX – asienta Jaksic- consistió en la elaboración de un programa de orden que partía de las antagónicas realidades de la guerra y de la revolución para construir las nuevas repúblicas sobre fundamentos sólidos. Esta es seguramente una de las claves que permiten integrar y valorar la magnitud y relevancia de su obra intelectual.

Bibliografía Mínima

Directa

Andrés Bello, Obras Completas, Caracas, Fundación La Casa de Bello, 1981, XXVI volúmenes.

Indirecta

Caldera, Rafael, Andrés Bello, Caracas, Ministerio de Educación Nacional, Dirección de Cultura, 1950.

Grases, Pedro, Estudios sobre Andrés Bello, Barcelona, Editorial Seix Barral, 1981, 2 volúmenes. 

Jaksic, Iván, Andrés Bello: La pasión por el orden, Santiago de Chile, Editorial Universitaria, Universidad de Chile, 2001. 

Quintero, Inés. Andrés Bello. Entre la omisión y el olvido, Caracas, Universidad Católica Andrés Bello, Abediciones, 2020.

Sobre el autor:

Inés Quintero.  Inés Quintero es Historiadora, Licenciada (1981), Magister (2002) y Doctora en Historia (2005) por la Universidad Central de Venezuela, profesora titular en el Instituto de Estudios Hispanoamericanos de la UCV e Individuo de Número de la Academia Nacional de la Historia